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| UNA PRÁCTICA CONDENADA, PERO AMPARADA |
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| Artículos - Sociedad |
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La creciente eventualidad de tener que atender a quienes vuelven del exterior con graves complicaciones está haciendo que varias entidades médicas estadounidenses no puedan evitar hablar abiertamente ahora de los problemas del “turismo del trasplante” a países como China, India o Filipinas. – Por Marcelo Rodríguez
(Nova Res) – Es necesario decirlo: las sempiternas versiones sobre supuestos secuestros para el robo de órganos para trasplante dada la escasez de donantes no pasan, al menos en la Argentina, de ser una leyenda urbana sin ningún fundamento. Pero el llamado “turismo del trasplante”, tal vez la cara más oscura del turismo médico, condenada por gran cantidad de entidades médicas, científicas y de derechos humanos de todo el mundo, pero evidentemente facilitada por circunstancias económicas, sociales y legales en los países donde ocurre, es una realidad que se vuelve imposible de soslayar, tanto como de cuantificar.
El Sudeste asiático se convierte en principal destino de quienes, ante la falta de donantes en sus países, recurren a donantes pagos que, incentivados por la miseria y la desesperación, venden sus órganos. Poco queda por decir de los cuestionamientos éticos y morales que esto supone; el caso es que esta práctica mundialmente condenada tiene su “efecto rebote” en países como Estados Unidos, donde el sistema de salud comienza a ver agravada su problemática en relación con los trasplantes de órganos. HQ es un hombre de 46 años que fue puesto en lista de espera para un trasplante de hígado en el registro UNOS, la Red Unificada de Compartimento de Órganos estadounidense, con lo que pasó a ser uno de las 15.000 personas en esa misma condición que existen en ese país sólo para el caso del hígado. El diagnóstico de HQ: enfermedad hepática en etapa irreversible en grado 18. Durante el tiempo que estuvo en lista de espera –más de un año– su estado empeoró al grado 21, en una escala que va de 6 a 40. Ante tal panorama este hombre viajó a China, donde terminó recibiendo un trasplante de hígado apenas dos semanas después de haber llegado. Sin embargo, al volver a los Estados Unidos debió ser hospitalizado en la Clínica Monte Sinaí de Nueva York con un cuadro de sepsis –infección grave–. La única alternativa para salvar su vida era un nuevo trasplante, que finalmente recibió, esta vez en Nueva Cork y de un donante provisto por el UNOS. Los trasplantes suelen estar sujetos a enormes condicionamientos y requerir recursos técnicos muy específicos, lo que los convierte en una práctica imposible de realizar sin un apoyo institucional (esto echaría por tierra, a la vez, la veracidad de las leyendas urbanas que circulan sobre el tema en nuestro país). A eso se le debe agregar los cuidados de por vida que debe recibir el receptor, expuesto desde entonces a un enorme riesgo ante cualquier infección. De modo que la recurrencia de casos como el de HQ, donde la operación del trasplante sale mal o se presentan complicaciones, está empezando a hacer que los médicos estadounidenses tengan que empezar a hacerse cargo de este tema por la fuerza, ante la responsabilidad de tener que solucionar las consecuencias de operaciones realizadas, encima, en malas condiciones técnicas. Un reciente informe de la mencionada clínica estadounidense indica haber registrado, sólo entre 2004 y 2006, unos 300 casos similares. A diferencia de otras formas de turismo médico, donde las personas viajan hacia un lugar donde hay mejores tratamientos específicos para su dolencia, los destinos del “turismo del trasplante” se caracterizan por la facilidad para conseguir donantes de órganos, ya sea porque se utilizan órganos tomados de personas condenadas a muerte (como en el caso de China, según difundieron las propias fuentes científicas) o porque nada evita que la necesidad desesperada de unos y de otros se transforme en comercio, en ausencia de un régimen de control y seguridad como el que existe en la mayoría de los países centrales, o incluso en la Argentina con el Incucai y la legislación sobre trasplantes. Es un hecho reconocido que muchos estadounidenses viajan a países como China, India o Filipinas para ser trasplantados allí con técnicas quirúrgicas fuera de todo estándar, un chequeo deficiente de los órganos que les son trasplantados, provenientes de donantes de dudoso estado de salud, y un alto índice de infecciones post-trasplante. A esta situación, varias asociaciones médicas estadounidenses han respondido con una serie de medidas y guías para advertir a los médicos “sobre los aspectos éticos y los cuidados” relativos a esta área de la medicina. Estas medidas serán publicadas en la edición de febrero del journal médico Liver Transplantation, editado por intermedio de la Asociación Estadounidense para el Estudio de las Enfermedades del Hígado, cuyas siglas en Inglés son AASLD. Pero a pesar de las mencionadas recomendaciones médicas, lo cierto –y esto también es remarcado por los profesionales estadounidenses que difundieron este informe-- es que no existen en ese país normativas que prohíban el turismo del trasplante, ni en el marco de las leyes, ni en el marco del Acta Nacional de Trasplante de Órganos. En la lista de espera del UNOS existen actualmente más de 105.000 pacientes. Tanto la AASLD como la Sociedad Internacional de Trasplante de Hígado (ILTS) promueven políticas contra la explotación de donantes y condenan la recurrencia a donantes pagos, manifestándose en favor de un sistema altruísta. Sin embargo, se quejan, pocas de estas guías son recibidas por los centros donde se realizan trasplantes. – MR – 28/01/2010. |



